Al finalizar este artículo lo más importante es aceptar como verdad el hecho de que al conocer a DIOS un beneficio es que obtengo una identidad y comunión con un Padre Amoroso. En un mundo donde reina la horfandad por padres abusadores o ausentes DIOS busca a sus hijos para iniciar una transformación moral que refleja el carácter de DIOS. Un amigo me comentó que su hija, quien estudia psicología, trataba de convencerlo de que asistiera a un psicólogo. Ella argumentaba que hoy en día todos necesitan terapia psicológica. Tal vez tenga razón, ya que después de la pandemia han surgido más enfermedades mentales que nunca antes.
Vivimos en una época posmoderna, marcada por la relatividad de las ideas, los valores, y, lo que es peor, de la moral. Esta situación afecta nuestro estado emocional y la calidad de nuestras decisiones.
Sin embargo, para afrontar estos desafíos, no siempre es necesario recurrir a un psicólogo. Aunque los psicólogos han estudiado el comportamiento humano, quien realmente nos conoce es DIOS, nuestro Creador.
Fuimos creados a su imagen, lo que significa que, si deseamos conocernos mejor, sanarnos, tener ideas correctas, emociones estables y tomar decisiones sabias, debemos acercarnos a DIOS para conocerle. Esto es lo que constituye la vida eterna.
Conocer a DIOS nos lleva a confiar en Él, y la consecuencia natural es obedecerle. Es difícil obedecer a DIOS únicamente por fuerza de voluntad, ya que no tenemos esa capacidad por nosotros mismos. Pero DIOS sí la tiene.
Obedecemos si confiamos en DIOS.
Confiamos en DIOS cuando lo conocemos.
La metáfora más poderosa para describir el conocer a DIOS es considerarlo como nuestro Padre. Esto significa alcanzar un nivel de confianza semejante al de un niño hacia su padre.
Conocer a DIOS tiene innumerables beneficios. Ser hijos de DIOS y reconocerlo como nuestro PADRE lo cambia todo.